Esta fauna proviene de los procedimientos de control, rescate y también, de la recepción mediante entregas voluntarias.
La Policía Ambiental de Córdoba realizó una nueva suelta de 53 animales silvestres que fueron recuperados en procedimiento de rehabilitación en la reserva Tatú Carreta. Se trata de un oso melero, dos águilas moras, cinco gatos monteses, un zorro gris, diez cardenales copete rojo, diez jilgueros, ocho pepiteros de collar, diez reinamoras y seis reyes del bosque.
Los ejemplares provienen de los procedimientos de control, rescate y también, de la recepción mediante entregas voluntarias. Cada animal silvestre recuperado del cautiverio o por alguna lesión tiene una historia particular y no siempre es posible devolverlos al ecosistema del que fueron extraídos.
Sin embargo, en este caso, algunos ejemplares si pudieron tener una segunda oportunidad en la naturaleza. Los animales fueron liberados en zona rural de la localidad de Taninga, en el departamento Pocho.
Para que cada uno de los individuos pueda regresar a su hábitat natural, antes deben atravesar una cuarentena sanitaria en alguno de los centros de rescate habilitados en la provincia. Y en algunos casos también, un proceso de rehabilitación.
Al ser una suelta numerosa, los técnicos y especialistas de Policía Ambiental elaboraron un plan de liberación que responda a las necesidades de cada grupo y a la capacidad de recepción de cada ambiente. Por ello, se trazaron diferentes sitios para cada uno en un sector que tiene vasta vegetación y recursos naturales que posibiliten su relocalización.
En el 80% de los procedimientos de control de fauna, que realiza la repartición actualmente perteneciente al Ministerio de Justicia y Trabajo, se secuestran aves paseriformes de menor porte. Tal es el caso de los jilgueros, las reinamoras, pepiteros de collar, cardenales copete rojo, entre los principales.
Un análisis estadístico de las actuaciones, realizado por el biólogo e inspector de Policía Ambiental, Martín Lépez, indica que los pepiteros de collar, jilgueros y reinamoras son las aves más entrampadas en Córdoba, sumando entre las tres especies un 47% de los casos. Siendo la reinamora la que encabeza la lista de las más perseguidas por la tenencia ilegal con un 22%.
Cada individuo que ingresa a los centros de rescate presenta una historia particular y luego de la primera asistencia veterinaria que se les brinda, los especialistas evalúan cada situación y el tratamiento adecuado. Por ello, no hay un tiempo estipulado, pero todos se liberan con el alta veterinaria.
Tal es la situación del oso melero, un macho que fue rescatado con bajo peso y algunas lesiones en su cola y abdomen en un árbol de Villa Ciudad de América.
Se presume que las heridas fueron a causa del ataque de unos perros y por eso se trepó al árbol hasta que lo rescataron en una acción conjunta entre Bomberos Voluntarios, Policía Ambiental y personal del DUAR de la Policía de la Provincia. Aunque las lesiones no eran profundas necesitó curaciones específicas.
“Todos los animales que traen desde Policía Ambiental presentan una situación particular, en el Tatú evaluamos cada caso y luego realizamos su preparación para que vuelvan a estar en libertad”, explicó Javier Álvarez, encargado de la Reserva Tatú Carreta.
En el caso de las aves de menor porte, su proceso de reinserción suele ser más rápido que el resto de los grupos de animales. Se debe a que en el mejor de los casos fueron entrampadas recientemente y con una cuarentena sanitaria protocolar pueden regresar a la naturaleza.
No obstante, si el tiempo en cautiverio es más prolongado, algunas también necesitan fortalecer musculatura y corrección de dieta.
En el caso de las águilas moras, una de ellas es un ejemplar adulto que fue rescatado por el DUAR en Cura Brochero porque no podía volar y la otra, es juvenil, recibida mediante entrega voluntaria en el Cementerio Parque de los Cocos, tenía bajo peso.
Finalmente, se encuentran los cinco gatitos monteses rescatados en Unquillo. Los felinos llegaron al centro de rescate muy pequeños y debió activarse el protocolo anti-impronta ya que se alimentaban con mamadera. Luego de esa cría, con estricto cuidado de que no se familiaricen con el ser humano como proveedor de alimento, ya están listos para volver a la naturaleza ya que cazan por sus propios medios.