Científicos afirman que el fenómeno, unido a la creciente crisis climática, puede hacer que las temperaturas mundiales se salgan de control.
Los servicios meteorológicos del mundo fueron unánimes: 2022 fue uno de los años más calurosos jamás registrados en la Tierra.
Dadas las circunstancias la noticia no sorprende, pero los especialistas resaltan un hecho que hace al fenómeno especialmente extraordinario. Ocurre que el patrón climático recurrente en el Pacífico tropical, conocido como Oscilación del Sur El Niño (ENSO por sus siglas en inglés), estaba en su fase fría.
Durante esta fase, que en contraposición se bautizó La Niña, las aguas del Pacífico ecuatorial son notablemente más frías de lo normal, lo que influye en los patrones climáticos de todo el mundo.
El regreso del fenómeno de El Niño durante este año provocaría un aumento de las temperaturas mundiales “fuera de lo normal” y olas de calor sin precedentes, advierte un grupo de científicos. Según las previsiones, los fenómenos meteorológicos extremos se exacerbarán y es muy probable que el calentamiento mundial supere los 1,5 ºC.
Ya se espera que este año sea más caluroso que el 2022, que según los datos mundiales fue el quinto año más caliente jamás registrado. Pero El Niño se produce durante el invierno del hemisferio norte y su efecto de calentamiento tarda meses en notarse, por lo que es mucho más probable que 2024 marque un nuevo récord de temperatura mundial.
Los gases de efecto invernadero emitidos por las actividades humanas han provocado un aumento de la temperatura media mundial de aproximadamente 1,2 ºC hasta la fecha. Esto ya ha causado efectos catastróficos en todo el mundo, desde olas de calor abrasadoras en Estados Unidos y Europa hasta inundaciones devastadoras en Pakistán y Nigeria, que han perjudicado a millones de personas.
Pero debe apuntarse un dato muy significativo, especialmente en tiempos de calentamiento global. La Niña también ayuda a controlar las temperaturas globales. O sea, las recientes olas de calor en el hemisferio norte, los incendios forestales y las sequías de los últimos tres años, en realidad fueron menos extremas de lo que pudieron ser.