El próximo viernes 23 de octubre se presentará en la Plaza de la Música con entradas casi agotadas.
Babasónicos tuvo un gran fin de semana con dos presentaciones agotadas en el Movistar Arena de Buenos Aires. La banda de Adrián Dárgelos desplegó casi dos horas de show que atravesaron toda su discografía.
Entre la experimentación de Cuerpos Vol. 1, los clásicos y una puesta visual impresionante, volvió a demostrar que puede reinventarse sin perder su identidad. En lo que va del año, el grupo ya cerró cuatro noches agotadas en el estadio de Villa Crespo.
El próximo viernes 23 de octubre se presentará en la Plaza de la Música, en Córdoba.
Las entradas generales siguen a la venta y se pueden conseguir a través de Edén Entradas. Cada ticket cuesta $100.000.
A las 21:20, con el lugar a oscuras, comenzó a sonar “Revelaciones aparte”, el tema que abre Cuerpos Vol. 1, su último trabajo discográfico. La elección marcó el rumbo de la noche: antes que refugiarse en la nostalgia, Babasonicos apostó por mostrar el presente de una banda que sigue buscando nuevos caminos.
Adrián Dárgelos apareció con su habitual magnetismo escénico. Con movimientos precisos, una actitud entre provocadora y despreocupada y una conexión constante con el público, condujo el espectáculo sin necesidad de grandes discursos.
“Tiempo off” prolongó el clima inicial y “Pijamas” provocó los primeros saltos masivos. Después llegaron “Yo anuncio” y “Fizz”, que transformaron la Arena en una pista de baile compartida por parejas, grupos de amigos y distintas generaciones. Una imagen que resume buena parte del fenómeno: su repertorio puede atravesar los años sin quedar detenido en una época.
El recorrido continuó con “Miau”, “Las demás”, “Risa” y “Once”, antes de enlazar “El maestro”, “Putita” y “En privado”. La lista avanzó entre climas y sonoridades diferentes, con espacio para el rock más intenso, los pasajes electrónicos y el pop de espíritu bailable. “Estoy rabioso” aportó una dosis de contundencia, mientras que “Labios apilados”, “Puesto”, “Ideas” y “Advertencia” sostuvieron la tensión musical.
La puesta en escena se consolidó como una protagonista más. Un entramado de luces, explosiones de color y haces láser dialogó con cada tema, mientras unas impresionantes pantallas gigantes accionaban como un lienzo en constante mutación. Este despliegue audiovisual no solo aportó profundidad y movimiento, sino que expandió los límites del escenario, envolviendo al público en una atmósfera inmersiva que respiraba y cambiaba al exacto ritmo del repertorio.
Uno de los momentos más intensos llegó con 'Microdancing', que desarrolló el movimiento al público y permitió a Diego Uma destacarse con su interpretación y su particular forma de moverse en el escenario.
En el tramo final, “Maracuyá” dio paso a una sucesión de canciones que recorrió distintos momentos de su historia. “Mimos son mimos”, “Paradoja”, “Cómo eran las cosas” y “Bye Bye” prepararon el terreno para el explosivo enlace entre “Carismático” y “Yegua”, dos temas que desataron una respuesta inmediata en el estadio.
Después de una breve pausa, llegaron los bises. “Cocos” y “Y qué” mantuvieron encendida la energía, mientras que “Mi propia música”, perteneciente a Cuerpos Vol. 1, reforzó el lugar del material reciente dentro del espectáculo. La frase “no quiero perder mi propia música” funcionó como una declaración que también puede leerse como una síntesis del recorrido artístico de la banda.
El cierre llegó con “El colmo”, una despedida que reunió la emoción del reconocimiento con la sensación de que la historia sigue abierta. Después de casi dos horas de show, Babasónicos dejó una certeza: su vigencia no depende únicamente de la fuerza de sus clásicos, sino de la decisión de seguir transformándose.