Un equipo de investigadores de la Universidad de Buenos Aires lleva más de una década estudiando los efectos de la yerba mate sobre el cerebro.
Una investigación desarrollada por científicos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) volvió a poner al mate en el centro de la escena científica. Tras casi diez años de trabajo, el equipo liderado por el biólogo e investigador Juan Ferrario encontró evidencias de que algunos componentes de la yerba mate podrían ayudar a proteger las neuronas y retrasar la aparición de la enfermedad de Parkinson.
El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa que se produce por la pérdida progresiva de neuronas dopaminérgicas, encargadas de producir dopamina, un neurotransmisor esencial para el control del movimiento. Actualmente no existe un tratamiento capaz de detener el avance de la enfermedad, por lo que una de las principales líneas de investigación en el mundo apunta a encontrar estrategias que permitan ralentizar ese proceso.
En ese contexto, los investigadores de la UBA analizaron extractos de yerba mate en distintos modelos experimentales y observaron que estos ayudaban a reducir la muerte de las neuronas dopaminérgicas. Los primeros resultados fueron publicados en 2019 en la revista científica Movement Disorders y, desde entonces, el grupo continuó profundizando los estudios para comprender el mecanismo detrás de ese efecto neuroprotector.
Uno de los hallazgos más importantes fue el papel del ácido clorogénico, un polifenol presente en grandes cantidades en la yerba mate y también en el café. Según explicaron los investigadores, este compuesto activa una enzima denominada AMPK, vinculada con el equilibrio energético de las células y con un proceso conocido como autofagia, mediante el cual las células eliminan desechos y reciclan componentes dañados.
Los científicos sostienen que esta "limpieza celular" resulta especialmente importante porque una de las características del Parkinson es la acumulación de residuos dentro de las neuronas, lo que favorece su deterioro y muerte. Al estimular ese mecanismo, el mate podría contribuir a mantener las neuronas saludables durante más tiempo.
El equipo también evaluó los efectos del mate en diferentes modelos experimentales, incluidos cultivos celulares, moscas de laboratorio y estudios en animales. En todos los casos se observaron señales compatibles con una mayor supervivencia neuronal y una menor pérdida de conexiones entre las células nerviosas. Sin embargo, los investigadores remarcan que estos resultados no permiten afirmar que el mate prevenga o cure el Parkinson en las personas.
Además, Ferrario señaló que estos estudios aportan una posible explicación biológica a investigaciones epidemiológicas realizadas anteriormente en Argentina y Brasil, que habían detectado un menor riesgo de desarrollar Parkinson entre quienes consumen mate de forma habitual. Aun así, insistió en que serán necesarios más ensayos clínicos para confirmar ese beneficio en humanos.
Los especialistas destacan que el consumo de mate debe entenderse como parte de un estilo de vida saludable y no como un tratamiento médico. Dormir bien, mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física y controlar los factores de riesgo continúan siendo las principales recomendaciones para preservar la salud cerebral.