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Pitbull: ¿perros peligrosos o dueños irresponsables?

El debate vuelve a instalarse tras la muerte de un niño de 3 años en Córdoba. ¿Es la raza la que determina el peligro o el riesgo depende de cómo se cría, se socializa y se controla al animal? Qué dicen las organizaciones protectoras y qué establece la legislación.

La muerte de un niño de 3 años tras ser atacado por un pitbull en la ciudad de Córdoba volvió a poner en el centro de la discusión la convivencia entre personas y perros considerados potencialmente peligrosos. El hecho ocurrió en barrio Suárez y el menor sufrió graves heridas en el rostro y el cuello. 

Cada vez que ocurre un episodio de estas características reaparece una pregunta difícil de responder: ¿el problema está en el animal, en la raza o en la responsabilidad de quien lo tiene?

¿Qué características tienen los pitbull?

El término “pitbull” no refiere necesariamente a una única raza, sino que suele utilizarse para identificar distintos perros de características físicas similares.

Se trata, en general, de animales fuertes, musculosos, atléticos y con una importante capacidad física. Algunas líneas históricas fueron seleccionadas para peleas entre animales. Sin embargo, eso no significa que todos los ejemplares actuales tengan el mismo comportamiento.

La ASPCA (American Society for the Prevention of Cruelty to Animals), sostiene que la genética puede predisponer a determinados comportamientos, pero que existe una gran variabilidad entre individuos de un mismo tipo de perro. También destaca el peso de factores como la socialización temprana, el ambiente, el estrés, las condiciones de vida y el vínculo con las personas. 

El estigma sobre la raza

Las organizaciones protectoras cuestionan que se considere que un perro es peligroso únicamente por pertenecer a una determinada raza.

La ASPCA se opone a las leyes que prohíben razas específicas y plantea que la legislación debería concentrarse en la conducta del animal y la responsabilidad de sus propietarios, incluyendo medidas para garantizar una adecuada supervisión y control. 

Esto no implica desconocer que algunos ataques protagonizados por perros de gran tamaño y fuerza pueden provocar lesiones especialmente graves. El punto es que la raza, por sí sola, no permite determinar cómo se comportará un animal individual.

El dueño también tiene responsabilidad

La tenencia responsable ocupa un lugar central en la prevención. En Argentina, las recomendaciones oficiales incluyen atención veterinaria, vacunación, ejercicio, socialización y condiciones adecuadas de alojamiento. También se plantea que un animal que tiene cubiertas sus necesidades y vive en un ambiente equilibrado tiene menos posibilidades de desarrollar problemas de comportamiento. 

Por eso, responsabilizar al propietario no significa desconocer las características del animal. Significa asumir que quien decide tener un perro también debe conocer sus capacidades, prevenir situaciones de riesgo y garantizar que no pueda escapar ni quedar fuera de control.

¿Qué dice la legislación en Córdoba?

Córdoba cuenta desde 2009 con la Ley Provincial 9.685, que regula la tenencia y circulación de perros potencialmente peligrosos. La norma no se limita a enumerar razas: también contempla características como la musculatura, el tamaño, la fuerza mandibular y la capacidad de provocar lesiones graves. 

La legislación establece que estos animales deben circular con correa o cadena, bozal e identificación, y permanecer en domicilios con cerramientos seguros. También obliga al propietario a denunciar el extravío del animal y contempla un seguro de responsabilidad civil. 

Además, si un perro potencialmente peligroso muerde a una persona, la normativa establece la obligación de entregarlo para que sea sometido a controles sanitarios. 

Una discusión que no termina en “culpable o inocente”

Los ataques graves obligan a tomar en serio el riesgo, pero también a evitar conclusiones simplistas.

No todos los pitbull son agresivos, pero tampoco puede ignorarse la capacidad física que tienen determinados perros para provocar lesiones graves. La genética, la crianza, la socialización, el ambiente y el manejo forman parte de una misma ecuación.

En definitiva, la discusión no debería reducirse a elegir entre “culpar al perro” o “culpar al dueño”. El desafío está en determinar qué condiciones debe cumplir una persona para tener un animal de estas características y qué controles son necesarios para proteger, al mismo tiempo, a las personas y a los propios animales.

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