Estos escenarios fueron calificados de severos a graves, y afectaron fuertemente a los cultivos invernales y la siembra estival, especialmente de los sectores productivos.
Argentina enfrenta una importante situación de sequía por tercer año consecutivo, motivo que podría derivar en una profundización de la crisis económica. El fenómeno climático de La Niña, sumado al calentamiento global, son dos de los factores que explican esta situación. En 2022, desde mayo hacia fines de año, las precipitaciones fueron muy deficitarias. A partir de diciembre aumentaron las lluvias, pero se mantuvieron por debajo de lo normal.
Estos escenarios fueron calificados de severos a graves, y afectaron fuertemente a los cultivos invernales y la siembra estival, especialmente de los sectores productivos.
El pronóstico explicó que para el trimestre febrero-abril de 2023 se prevén probabilidades mayores de las condiciones neutrales, que se mantendrían hasta medidos de junio. De esta manera, se espera que la segunda mitad del año las lluvias se incrementen y merme la situación de sequía.
Sumado a la falta de precipitaciones, tampoco colaboran las altas temperaturas, ya que favorecen la evapotranspiración. La recuperación de la humedad de los suelos será un proceso “lento” debido a la gran pérdida de agua que se dio de manera consistente en los últimos meses.
Además, el impacto de la sequía equivale a 3 puntos porcentuales del PBI. Un efecto que no estaba en los cálculos previos y suma tensión financiera y cambiaria a un año que de por sí es políticamente complejo.
La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) recortó sus estimaciones para la campaña 2022/2023. La entidad proyecta que este año se cosecharán 27 millones de toneladas de soja, en lugar de las 34,5 millones de toneladas proyectadas al momento de la siembra. De igual forma, estima que la cosecha de maíz alcanzará las 35 millones de toneladas, en lugar de las 42,5 millones de toneladas previstas originalmente.